Hipervigilancia emocional: cuando no puedes dejar de estar alerta.

Hipervigilancia emocional: cuando no puedes dejar de estar alerta

Estás pendiente de todo. Del tono de voz de los demás, de si alguien está bien, de lo que podría pasar, de lo que dijiste ayer y quizás no debiste. Tu mente no descansa porque su trabajo es anticipar — detectar señales, prever problemas, evitar que algo salga mal.

Desde fuera parece atención. Desde dentro es agotador.

La hipervigilancia emocional no es un rasgo de carácter — aunque lo parezca porque lleva tanto tiempo ahí que ya forma parte de ti. Es una respuesta aprendida. En algún momento de tu vida, estar muy alerta era necesario. Te protegía. El problema es que el sistema de alarma siguió encendido mucho después de que dejara de necesitarse.

Vivir así tiene un coste alto. Es difícil relajarse de verdad. Difícil confiar. Difícil estar en el presente cuando la mente ya está en el siguiente problema posible.

Y hay algo más: la hipervigilancia te hace interpretar todo en clave de ti misma. Si alguien está callado, es por ti. Si algo no sale bien, es culpa tuya. Eso genera una confusión enorme porque estás viviendo en hipótesis, no en realidad.

Reconocerlo es el principio. Aprender a preguntar en lugar de suponer. Soltar la idea de que eres el centro de lo que les pasa a los demás. Y poco a poco, dejar de anticipar para empezar a estar.

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